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Cría cerdos y tendrás problemas con la ley

Cría cerdos y tendrás problemas con la ley
ORLANDO PALMA, La Habana | Octubre 06, 2015

Cuando sopla el aire desde las lomas, apesta a excremento de cerdo. Es
un olor que se pega a todo y que desde hace más de dos décadas
caracteriza a la ciudad de Nueva Gerona, en el municipio especial Isla
de la Juventud. “Con estos puercos no se puede vivir aquí, pero sin
estos puercos tampoco”, sentencia Damián González, de 32 años, cuya
familia llegó a tener “hasta cien cerdos” en las cochiqueras
particulares que rodean la zona urbana.

Son barracones y cuarticos hechos con tablas, tubos, materiales de
desechos, dentro de los cuales se amontonan los animales y el hedor
golpea nada más acercarse. El hocico de un verraco asoma entre los
tablones de una caseta, mientras González explica qué fue lo que llevó a
tantos habitantes de la Isla a volcarse en la cría porcina. “Empezaron a
construirse estos corrales cuando el Período Especial más duro”, cuenta.
“Después hemos seguido dando de comer a la familia y viviendo de la
venta de esta carne”.

Hace unos meses se ha desatado una batalla gubernamental contra los
improvisados corrales en territorio pinero. Las autoridades sanitarias
alegan que traen enfermedades y contaminación ambiental, pero los
residentes luchan a brazo partido para que no les quiten su sustento
económico. “Ha habido hasta pequeños conatos de protesta cuando vienen a
demoler”, narra el joven, quien desde los diez años carga, loma arriba
hasta la cochiquera, el sancocho recogido en la ciudad.

En Nueva Gerona, los dueños de criaderos han tenido que vender los
animales a toda velocidad. “La carne ha bajado de precio en las últimas
semanas, pero de seguro después subirá, porque habrá menos suministro”,
reflexiona Gerardo Ruiz, un habanero que hace 30 años se casó con una
mujer de “la isla chiquita”, como él la llama, y ahora gestiona una
tarima de venta de cárnicos en un mercado agrícola privado.

La contaminación ambiental ha golpeado fuertemente a las comunidades de
la zona. Los excrementos de un cerdo de 100 libras rondan los 2,5
kilogramos diarios. Si se multiplica esta cantidad por meses de crianza
y un mayor número de animales, los volúmenes se vuelven alarmantes.
Además, la mayoría de los criadores particulares no procesa los
excrementos, sino que los esparce sobre las tierras aledañas,
infringiendo la ley que regula el vertimiento de residuales según su
carga contaminante.

La ley prohíbe toda actividad porcina a menos de un kilómetro del
perímetro urbano y a menos de 500 metros de fuentes de agua y embalses.
Pero pocos cumplen lo establecido, incluso en La Habana, donde la cría
de cerdos en apartamentos y patios de edificios multifamiliares se
volvió práctica común en los años noventa. “No podía ni asomarme al
balcón, porque la peste era espantosa”, cuenta Julia Domínguez, quien
por esos años vivía en el edificio de 26 plantas ubicado en la avenida
Rancho Boyeros y Conill.

En aquella época, muchos cerdos que se criaban en bañeras y cuartos de
baño eran sometidos a una cirugía de las cuerdas vocales para evitar los
gruñidos. “Eran puercos mudos, pero de todas formas uno sabía que al
otro lado de la pared había uno de esos animales por la peste”, recuerda
Domínguez. La comida para alimentarlos salía, fundamentalmente, de los
latones de basura. Esta práctica se extiende hasta el día de hoy,
incluso entre criadores de cerdos de la periferia habanera o de zonas
más alejadas.

Fuentes médicas del policlínico Plaza, en la calle Ermita y cercano a la
casa de Domínguez, detallan bajo anonimato que la crianza de cerdos por
vecinos de la zona todavía constituye un problema. “Especialmente en
patios y solares yermos, donde la gente improvisa criaderos”, explica un
trabajador del centro sanitario. “Ahora se está haciendo más estricto el
control, pero hubo una época en la que toda la ciudad era como una
cochiquera”, concluye.

El riesgo de propagación de vectores en estas circunstancias también
crece. Las autoridades sanitarias han hecho un llamado a evitar la
crianza sin control para prevenir enfermedades gastrointestinales,
leptospirosis y cólera. Pero, ni siquiera esos peligros disuaden a los
criadores de continuar. “Es una cuestión de vida o muerte, dicen ellos”,
explica el pinero González sobre las advertencias que le han hecho
galenos y personal de salud de la zona, “pero para nosotros también es
una cuestión de vida o muerte no tener estos cerdos. Si no los tengo, no
puedo sobrevivir”, remacha.

El joven explica cómo mantiene limpio su corral improvisado. “Lavo con
manguera y agua los cerdos y todo eso se va por ahí”, detalla González
mientras muestra una zanja que lleva los residuos hasta el exterior del
corral. Afuera el contenido se mezcla con los vertidos de otras
cochiqueras y un río denso, grisáceo oscuro y pestilente, desciende por
la ladera. La tierra alrededor ya tiene el mismo color de las heces de
cerdo.

La cría de puercos dentro del perímetro urbano acarrea otros serios
problemas de higiene. En Encrucijada, en la provincia de Villa Clara,
los vecinos de las calles principales se quejan de las pestilencias y
problemas que traen los criaderos. “Las moscas están todo el tiempo
sobre los alimentos, las mesas, la gente”, se queja un poblador que
prefirió el anonimato. Al Centro de Higiene y Epidemiología del
municipio han llegado innumerables denuncias de vecinos, pero el
problema no parece arreglarse con prohibiciones.

“Cuando se sabe que viene una inspección, muchos trasladan los animales
hacia otro lugar”, cuenta Eriberto, residente en las afueras de
Encrucijada. Este criador de cerdo explica que junto a su familia ha
pensado en meterse “en eso del biogás”, en referencia al sistema de
aprovechamiento de los excrementos porcinos para producir electricidad y
combustible doméstico. “Pero necesitaría tener una inversión inicial con
la que ahora mismo no cuento”, aclara.

La ofensiva contra los productores que transgreden las normas
fitosanitarias se ha intensificado en los últimos meses a lo largo de
todo el país. Los inspectores llegan a fincas y empresas estatales para
emitir dictámenes que incluyen la eliminación de un criadero dentro de
30 días, la demolición de una cochiquera o la confiscación de los animales.

Con los problemas aparejados a la sequía que vive el país, el cuidado de
las fuentes de abasto de agua ha ganado protagonismo. Investigaciones
realizadas en la zona de Encrucijada por entidades del Ministerio de
Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente han detectado la contaminación de
más de una decena de pozos debido a los excrementos porcinos.

Sin embargo, muy pocos porcicultores de la zona acatan lo regulado. La
Empresa de Aprovechamiento Hidráulico y Geocuba tampoco han terminado el
trazado de la franja hidrorreguladora de los embalses, por lo que es
común encontrar en sus cercanías criaderos de cerdos, gestionados tanto
por las empresas estatales como por el sector privado.

Algo similar ocurre en Florencia, Ciego de Ávila. La localidad llegó a
exhibir cifras muy elevadas en la ganadería porcina, que trajeron
también aparejadas un verdadero desastre ecológico. Con más de 12.000
cabezas de cerdo en 2012, el municipio pasó de tener una reputación como
productor de conservas a convertirse en la cochiquera del centro del país.

Una inspección redujo a siete el número de productores porcinos en esa
región, que tenía antes 85 corrales privados. El malestar se hace sentir
ahora por todas partes. Los consumidores se quejan de la subida del
precio de la carne de cerdo y los productores de haber perdido sus
entradas económicas.

La erosión del suelo, provocada por las deyecciones porcinas, hizo
saltar las alarmas cuando un estudio publicado por el Centro de
Investigación en Bioalimentos (CIBA) determinó que se estaban dañando
“las aguas superficiales para abasto de la población”. Los vecinos de la
zona también constatan un aumento en la presencia de roedores, muchos de
los cuales encuentran refugio entre las precarias instalaciones de las
cochiqueras.

Hasta el momento ninguno de los productores que ha sido obligado a
erradicar su criadero ha recibido alguna indemnización, ni subsidio para
reorientar su actividad. En Nueva Gerona los porcicultores que gestionan
corrales colectivos tienen hasta el 30 de noviembre para desmantelarlos.
Un conteo regresivo que está transcurriendo en medio de las
preocupaciones de algunos y el consuelo de los muchos afectados por los
malos olores y la suciedad.

El pinero Damián González no conoce otra forma de ganarse el sustento.
“Estoy en esto desde que era un niño y ahora es como si me obligaran a
demoler mi propia vida”, explica. Para gente como él, las cuestiones del
daño ambiental y la contaminación de las aguas no dejan de ser
“preocupantes, pero alejadas del día a día”. Ahora trata de encontrar
una manera de “mantener a la familia sin estos puercos”.

Source: Cría cerdos y tendrás problemas con la ley –
www.14ymedio.com/reportajes/Cria-cerdos-problemas-ley_0_1865213476.html

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