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Cenizas que no volverán

Cenizas que no volverán
PABLO PASCUAL MÉNDEZ PIÑA | La Habana | 15 Oct 2014 – 11:06 am.

Pacientes de un sistema sanitario en completa decadencia opinan sobre el
ébola y el envío de médicos cubanos.

“Es una vergüenza. Una falta de ética”, aseveró una mujer al enterarse
de que los médicos cubanos que partieron al África a salvar vidas no
serán repatriados en caso de enfermar o morir. Sin embargo, la mayoría
de los que discutían el asunto opinan lo contrario, pues consideran que
la llegada del ébola a Cuba será el apocalipsis.

El intercambio se produjo en el lobby del hospital Hermanos Ameijeiras,
en voz baja y, mirando a los alrededores con sigilo, tal como hace la
gente cuando critica al régimen en lugares públicos.

Lo cierto es que antes de partir a África, los médicos y enfermeros que
voluntariamente brindaron sus servicios para combatir el ébola tuvieron
que rubricar un documento en el que les precisan aceptar la no
repatriación en caso de enfermar y/o morir, asimismo sus cadáveres serán
cremados e inhumados in situ, acorde a los protocolos de la Organización
Mundial de la Salud (OMS).

Dicha afirmación procede de un profesional de la salud que solicitó el
anonimato, quien renunció a la misión a petición de sus familiares.
“Nada de rumores y bolas contrarrevolucionarias. Es la pura verdad”,
apostilló.

Pero hasta el momento el oficialismo no ha desmentido la revelación
difundida por DIARIO DE CUBA el pasado sábado, amén de que la población
permanece bajo el anestésico de la desinformación.

“Si el ébola llega a Cuba será el acabose, porque estamos fuera de
plato”, prorrumpe uno de los tertulianos que aparenta tener 40 años. “La
no repatriación de los enfermos es la única medida razonable que han
tomado en este manicomio. Aunque lo lamento por los familiares de esos
médicos que deben estar sumamente angustiados.”

¿Pánico, terror o desconfianza?, preguntamos. “Las tres cosas”,
responden, “Cuba no está preparada para una pandemia como esta. Si el
ébola llega a Cuba, será muy difícil controlarlo, tal como ha sucedido
con el dengue, el cólera, la malaria, el paludismo y la fiebre
chikunguña. Que Dios me perdone, pero no quisiera que los médicos
regresaran si están enfermos, porque nos van a fastidiar.”

Estamos a escasos metros del lugar donde hace más de 30 años Fidel
Castro proclamó que Cuba sería una “potencia médica”, iniciándose la
producción en serie de galenos generales integrales y el famoso programa
del médico de la familia.

De la misma forma, cada uno de los presentes tienen una historia que
contar. Un padre cuya hija de 23 años debió ser operada 9 veces a causa
de un mal procedimiento quirúrgico. La esposa de un jubilado, que
perdió un ojo a consecuencia de una bacteria contraída en el quirófano
del hospital Pando Ferrer. Otro, que debió pagar 20 CUC a un médico para
poder operar a su padre de cataratas, puesto que desde hace más de 6
meses espera a que un salón del hospital Calixto García sea reparado.

Escuchamos espeluznantes historias de pagos a los operadores de
autoclaves para garantizar la esterilización del instrumental
quirúrgico, del reciclaje de guantes, faltas de medicinas, de peloteos,
indolencias, filtraciones en los salones de operaciones, el robo de
lencería, etc.

“La salud en Cuba es ‘gratuita’, pero no es la que queremos”, resumen
unánimemente.

En la calle

“En materia de falta de recursos pertenecemos al mismo inframundo que
África”, comenta Maritza, un ama de casa de 53 años. “Hay que ver en el
estado que están los hospitales, la mala higiene y la indolencia, Pero
si el ébola llega, y, ni que Dios lo quiera, estoy segura que esa
pandemia acabará con Cuba.”

“Lo paradójico del caso es que la señora Margaret Chang, directora de la
OMS, ha visitado a Cuba y desde el aeropuerto y sin haberse llegado a un
hospital o policlínico comunitario, ha declarado estar ‘asombrada y
complacida’ por la calidad de la salud cubana”, cita Carlos, un contable
de 48 años.

Y añade: “La imagen que tienen en todo el mundo sobre nuestro sistema de
salud es irreal, puesto que la publicidad ha estado por encima del
verdadero contexto. La salud cubana no es ni la chancleta de la que
tuvimos en los años 80, cuando importaban implementos del campo
socialista, por ejemplo de Checoslovaquia, Yugoeslavia y la Alemania del
Este, y había dinero para cubrir los costos”.

“Es una cuestión de humanidad”, expone un cirujano. “No critico a los
que dieron un paso al frente voluntariamente para partir a combatir el
ébola, pero lo humillante es que es bajo condiciones de evidente
suicidio. Es que le pagarán el monto de 8.000 dólares mensuales, además
de prometerles casa y carro después de un regreso incierto. Que hijos
de putas son los mandantes de este país, que de seguro sacarán un
cuantioso provecho político a costa de estos sacrificados.”

“Nadie habla de la desinformación”, indica Enrique, un informático de 35
años. “Quién sabe algo acerca de la droga Zmapp de manufactura
norteamericana, que es la que están utilizando para combatir el ébola,
aunque sus resultados no son muy alentadores. Tampoco comentan acerca
del contagio por el contacto con los fluidos corporales del enfermo. Si
esa enfermedad llega a Cuba, la gente tendrá miedo de tocar los
pasamanos de las guaguas o los tiradores de las puertas de las
shopping, esto será el caos, la anarquía.”

“Y si llegara el ébola a un país latinoamericano, estoy seguro que los
kamikazes cubanos tendrán que ir a encargarse de la situación”, asevera
José, un barrendero de calles, “porque los médicos de esos países le
echarán pa’ arriba la candela.”

“Creo que los familiares de los médicos debían imponerse y no dejar que
vayan al África bajo condiciones tan inseguras”, indica Josefa, una
metodista practicante. “Oraré por las almas de esos médicos porque sé
que muchos perderán la vida. Ahora lo que llena de indignación es que
ninguno de los dirigentes que los enviaron a una muerte prácticamente
segura, integró la delegación para correr la misma suerte que ellos.”

“Cuando la candela es brava, los carapachos duros se esconden”, afirma
Jorge, un chofer de almendrón de 38 años. “¿Por qué Tony, Mariela y
Aleidita Guevara no están entre los 165 médicos que fueron para Sierra
Leona? Tampoco tenemos noticias de que los militares asomarán por esos
contornos. Los médicos se han convertido en los esclavos, agentes
publicitarios y conejillos de indias de la dictadura, pero allá ellos.”

Y concluye: “También los héroes de la República de Cuba, Fernando y
René, deberían llegarse a Sierra Leona, para que aprendan lo que es el
verdadero significado de la palabra heroísmo”.

Source: Cenizas que no volverán | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1413364002_500.html

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