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Yo, el aguafiestas

Yo, el aguafiestas
Quisiera poder escribir historias optimistas como las de muchos
corresponsales extranjeros acreditados en La Habana
viernes, septiembre 5, 2014 | Luis Cino Álvarez

LA HABANA, Cuba -Para no desentonar, quisiera poder de vez en cuando
escribir historias tan optimistas como las de muchos corresponsales
extranjeros acreditados en La Habana. Me gustaría animarme y escribir
historias de cuentapropistas exitosos, de prósperos dueños de paladares,
con muchas mesas y sillas, platos espectaculares y clientes tan famosos
como Beyonce; de cubanos que pasan sus vacaciones en Varadero, de
compatriotas que mantienen, con sus remesas desde Cuba, a sus familiares
en Miami o Madrid; de cooperativistas y arrendatarios de tierra que le
ganan la pelea al marabú y a los burócratas del Ministerio de
Agricultura; de dirigentes que cambian de mentalidad como de camisa, de
intelectuales que empujan duro para levantar el techo de la censura, de
periodistas oficialistas que se cansaron de ser meros propagandistas, se
destraban las lenguas y empiezan a llamar a los males de nuestra
sociedad por su nombre, sin eufemismos, y atreviéndose a señalar de
quiénes es la responsabilidad.

Pero no puedo. Las historias que me salen son las que veo a diario.

De los carretilleros que para vender viandas tienen que moverse por los
barrios sin parar, como derviches giratorios, porque los multan si se
estacionan en una esquina.

De los propietarios de timbiriches agobiados por regulaciones absurdas,
a los que los inspectores chantajean y les chupan la sangre y que están
a punto de devolver sus licencias, porque la ganancia apenas le da para
tirar a diario. De los ancianos menesterosos que sueñan con la muerte.

De gentes que decían estar dispuestas a dar la vida por la revolución y
que hoy no quieren dar su brazo a torcer y reconocer que no sirvieron de
nada sus sacrificios, pero siguen repitiendo tonterías, justificando lo
injustificable y chivateando por inercia.

De los funcionarios y dirigentes corruptos y demagogos que no cambian de
mentalidad, ¡qué van a cambiar!, sino que mudan la retórica y la piel
según las circunstancias, como gordos camaleones.

De los padres que simulan no saber o aceptan que su hija adolescente
putea a extranjeros para poder tener lo que ellos no pueden darle.

De los hombres y mujeres que trabajaron duro todas sus vidas, que no
saben hacer otra cosa que trabajar, y que tuvieron que aprender a robar
al Estado porque lo que les pagan no les alcanzaba para malcomer.

De los muchachos que pudieron tener otra vida, pero que luego de pasar
por las cárceles porque les aplicaron la ley de peligrosidad social
-porque no trabajaba o porque al jefe de sector de la policía le vino en
ganas aplicársela, porque el “chiquito ese” le caía mal- ya no tienen
otro camino que la delincuencia.

De los muchachos que roban para poder conseguir el dinero con que
atiborrarse de alcohol, bazuco y melca, para escapar de la realidad,
porque “no hay más ná”, y luego, cuando están “bien volaos”, se fajan
entre ellos o con quien aparezca, por cualquier motivo y con lo que
tengan a mano, porque la rabia se los come.

De los presos que por reclamar sus derechos son apaleados por los
guardias y amarrados a las rejas de las celdas de castigo.

De las parejas que no quieren tener hijos “hasta que esto mejore”.

De los derrumbes de edificios en La Habana, los desalojos que
oficialmente llaman extracciones, los habitantes de los llega y pon, los
orientales deportados y los policías abusadores.

De la peste en las calles llenas de baches, basura y agua sucia.

De los hospitales que dan grima; de las enfermedades que las autoridades
se niegan a llamar dengue y cólera, y entonces designan como “virosis de
origen desconocido” y “enfermedades diarreicas agudas”.

Del vacío en la mirada de los que nada esperan; de los jóvenes que solo
aspiran a huir de su país, como sea y para donde sea.

De las Damas de Blanco y los opositores reprimidos por la policía y los
porristas de las brigadas de respuesta rápida.

Discúlpenme, pero esas son las historias que conozco. Si resulto un
aguafiestas, si los aburro o les deprimo, no me lean. ¡Qué se le va a hacer!

luicino2012@gmail.com

Source: Yo, el aguafiestas | Cubanet –
http://www.cubanet.org/destacados/yo-el-aguafiestas/

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