Cholera in Cuba
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Cunagua, el balneario de los pobres

Cunagua, el balneario de los pobres
MARÍA RAMÍREZ, La Habana | Septiembre 05, 2014

Ubicada a pocos kilómetros de la zona de desarrollo turístico de los
cayos Coco y Guillermo, la playa de Cunagua marca la diferencia en
comparación con lo que encuentran los turistas internacionales en
aquellos lugares: este es el balneario de los pobres, o sea, el
verdaderamente accesible a la mayoría de la población cubana.

El año pasado, precisamente aquí ocurrió un brote de cólera. Todos los
bañistas fueron obligados a abandonar el caserío y la playa quedó
cerrada el 1 de agosto, en plena etapa vacacional. Desde entonces, la
epidemia no ha hecho más que extenderse y echar raíz en Cuba.

En el verano del 2014, a pesar de todo, volvería a abrirse esta playa.
Un artículo publicado en el sitio digital del periódico Invasor el 4 de
julio, ” A veranear en la playa de Cunagua”, invitaba a acudir en masa,
curiosamente, sin hacer la más mínima mención al cierre abrupto del año
anterior ni a las condiciones o posibles riesgos que ocasionaron un
brote de cólera. Artículo desbordante de entusiasmo, como en este
fragmento: “La playa Brisas de Bolivia, una de las más visitadas de la
provincia avileña durante el período vacacional, será el escenario
principal para el inicio de este verano 2014 en el municipio de Bolivia,
al norte de la central provincia de Ciego de Ávila. Ubicado a solo 14
kilómetros de la localidad cabecera, dicho balnerario, con aguas
oscuras, poco profundas y muy salobres, se distingue de los demás del
territorio por el extenso muelle, las casas y los restaurantes de madera
sobre pilotes dentro del agua, lo cual constituye un singular atractivo
para refrescar el sofocante calor, disfrutar en familia, reencontrarse
con los amigos y divertirse a plenitud.”

¿Qué inversiones o cambios significativos se hicieron en este balneario
para pasar desde un cierre abrupto a este llamado a “divertirse a plenitud”?

Se echó un poco de rocoso en un tramo del camino (dejando el resto de
los accesos y “calles” como siempre han sido, de pura tierra) y se
obligó a los propietarios a hacer más altas las paredes de sus fosas
sanitarias para evitar en lo posible la entrada del agua del mar. Aunque
lo que más sentiría el pueblo sería la llegada de un contingente de
inspectores con la misión de poner muchas multas, por violaciones como
arrojar una lata al suelo. Consecuencia: el balneario ha seguido siendo
“singular” por tratarse de un lugar abandonado a la libre iniciativa de
los particulares, con muy poca inversión estatal.

La mayoría de las casas se construyeron sin planificación, usando
recursos disponibles en las cercanías, tablas de palma para las paredes
y guano para los techos. Sus propietarios las habitan por un corto
período, el resto del tiempo las alquilan. Esta es una ventaja en
comparación con centros hoteleros: las casas se alquilan sin límites de
huéspedes. No existe otro sitio donde, por un mismo techo junto a las
olas, puedan transitar todos o gran cantidad de los miembros de una
humilde familia cubana, turnándose. Cargan con lo necesario para
enfrentar días y semanas, desde equipos electrodomésticos hasta animales
de corral. Duermen muchos en el suelo y entre todos pagan el alquiler.

Una casa junto a la costa puede costar 6 dólares diarios; otras, peores
y sin vista al mar, 80 pesos cubanos. Aquí consumen una parte de sus
vacaciones quienes nunca podrían pagar una habitación en un hotel de los
cayos Coco y Guillermo. En estos cayos, con condiciones muy distintas,
este verano las ofertas más económicas rondaban los 40 dólares por
persona cada noche.

El tipo de piso que predomina es el de tierra y no existe nada parecido
a un sistema de acueducto y alcantarillado. Es por eso que cuando
llueve, la estrecha península se convierte en un lodazal y mezcla de
desechos líquidos y sólidos y los mosquitos atacan. En el municipio
Bolivia no hay un solo camión-pipa para evacuar las fosas sanitarias,
así que los interesados deben llamar al municipio de Primero de Enero y
alquilar por su cuenta este servicio. Los tractoristas con pipas de agua
potable, sí hacen zafra: por 100 pesos, te llenan una cisterna o un tanque.

También hay albergues estatales, pero son para esos centros de trabajo y
sindicatos menos solventes que agrupan por lo general trabajadores
agrícolas. Nadie espera encontrar por esta zona algo parecido a las
sofisticadas ‘casas de visita’ que existen junto a las arenas de los
cayos Coco y Guillermo, donde veranean los dirigentes y sus afines. En
Cunagua, se trata de pequeños y rústicos moteles, como ese que lleva el
nombre “simpático” de Judas.

Cada fin de semana, cientos de personas llegan en camiones desde los
campos y pueblos cercanos, y toman el balneario. La ausencia de baños
públicos obliga a estos visitantes de un día a hacer sus necesidades en
el único sitio en el que pueden esconderse, o sea, dentro del agua. A
esto se suma el hecho de que gran parte de las casas desagüen hacia el
mar, y en especial, por supuesto, las construidas sobre el agua.

Falta arena, las piedras cubren la orilla y, como dice la prensa
oficial, las aguas son “oscuras, poco profundas y muy salobres”… Solo
un largo y rústico muelle de madera pretende salvar al bañista de los
escollos. Entonces, ¿de qué se disfruta aquí? El nombre oficial de la
playa, Brisas de Bolivia, alude a constantes y agradables vientos, pero
estos arrastran los malos olores. Sin embargo, no se debe subestimar el
placer que sienten los niños en “jugar a las casitas”, porque es el
mismo que experimentan los adultos, ¡y como lo sabemos los cubanos!, en
tratar de sobrevivir por cuenta propia y “a prueba de todo”.

Source: Cunagua, el balneario de los pobres –
http://www.14ymedio.com/reportajes/Cunagua-balneario-vacaciones_0_1628237174.html

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