Cholera in Cuba
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Camagüey se pudre

SALUD

Camagüey se pudre
JAVIER SIMONI DELGADO | Camagüey | 25 Ago 2014 – 9:25 am.

Enfermedades diarreicas, dengue, cólera, chikunguña. Y la causa en las
aguas de consumo y albañales.

“Quien mal anda, mal acaba”, reza un viejo refrán cubano valioso por
estos días, cuando Camagüey enfrenta una de las mayores epidemias de su
historia.

Datos publicados por el periódico oficialista Adelante reportan, entre
los meses de mayo y agosto, unas 10.000 personas con diarreas agudas en
toda la provincia y poco menos de 600 reportadas como positivas al
cólera. Asimismo, un centenar y medio han sido hospitalizadas por
complicaciones relacionadas con el dengue —en sus cuatro serotipos—.Y en
menor medida se contabilizan casos de infecciones por la fiebre chikunguña.

En realidad, no sorprenden las noticias a quienes conocen o viven en
esta ciudad. Villa organizada desde su fundación, hace 500 años, entre
las márgenes de los ríos Tínima y Hatibonico, Puerto Príncipe presentó
siempre una infraestructura compleja, debido al trazado irregular de sus
calles, a las formas de obtención del agua y a las redes de desagües.
Sin embargo, durante las últimas tres décadas las condiciones
higiénico-sanitarias se deterioraron ante los ojos del Estado, sin que
este apuntase una solución eficiente.

El alcantarillado de gran parte de la urbe vierte a las orillas de los
dos ríos. Así, circula por dentro de todo el Centro Histórico lo mismo
un animal descompuesto, que las heces fecales de la familia más limpia.

El resto de los desperdicios —extraídos de las fosas de las viviendas en
los repartos aledaños— son vertidos en lagunas de oxidación al aire
libre, ubicadas a seis kilómetros de la presa Pontezuela, una de las
tres fuentes de abasto de agua al municipio Camagüey.

Desde finales de los años 80, los carros cisternas de la provincia no
pueden vaciar esos desechos en la planta especializada. Esa instalación
dejó de funcionar debido al mal estado de sus tanques contenedores,
dentro de los cuales los excrementos humanos eran convertidos en abono
orgánico.

Por su parte, la calidad del agua potable consumida por casi todos los
pobladores deja un sabor triste y amargo. La potabilizadora Amistad
Cubano-Búlgara, fundada hace más de 40 años, distribuye el líquido al
75% de la ciudad.

Esa planta recibe el agua acumulada en tres represas y la purifica de
acuerdo a estándares antiguos y poco confiables para la salud humana.
Según informaciones de los medios de prensa estatales, en ese proceso
solo se emplea cloro-gas, y en el mejor de los casos la arena sílice.
Métodos modernos son todavía impensables para la industria cubana.

En igual medida, las redes hidráulicas —en uso desde 1913— no reciben
mantenimiento de limpieza y desinfección desde hace casi cuarenta años.
Y no solo presentan innumerables salideros, sino también tupiciones por
óxido y virutas de metal.

En 2007 la Dirección de Recursos Hidráulicos en el territorio anunció el
inicio de un proceso de reposición de ramales y modernización del
sistema de potabilización. Siete años después, los vecinos siguen
recibiendo el agua turbia, con restos de fango y restos de óxido. En
Cuba son comunes los proyectos interminables e ineficaces.

Sobre la denominada campaña antivectorial no hay nada nuevo para anotar.
Ese es un ciclo vicioso: el Estado invierte dinero, el salario de los
fumigadores supera al de los graduados universitarios, los individuos
realizan el autofocal y al agua se le añade Bactivec, pero los mosquitos
siguen existiendo. Los insectos en vez de disminuir, aumentan. Y ello
tampoco sorprende, porque la ciudad es un latón de basura.

No existe un sistema organizado para la recolección de desechos. Es
común toparse los cestos repletos durante días, o peor: no toparse los
cestos, porque tradicionalmente los habitantes han dejado las porquerías
en jabas, frente a la puerta de la entrada, a la intemperie. Aquello de
clasificar la basura en carritos separados es una utopía.

Igualmente, los índices de insalubridad en la periferia del municipio
son cada vez mayores. Los lugareños crían cerdos cerca de los pozos de
donde obtienen el agua. La mayoría de las viviendas no poseen servicios
sanitarios ni de agua corriente. Los patios están forrados en hierbas y
malezas, y las zanjas desembocan con sus inmundicias en los arroyos
cercanos.

Era de suponer, por tanto, un realce de las enfermedades contagiosas
durante el periodo de lluvias —bastante prolongado este año—. Pero como
en Cuba es normal acordarse de Dios solo cuando truena, el Gobierno
local esperó a junio para hacerle frente a la epidemia, cuando ya eran
inevitables los miles de ingresos hospitalarios.

¿Por qué no se trabaja durante todo el año para evitar estas
situaciones? Una vez más los funcionarios del Gobierno atacan el
problema, pero no su causa. Porque atacar la causa equivale a aceptar
que la infraestructura de la urbe es un desastre, y que la
superestructura, de la sociedad y el Estado, está caduca y carcomida.

Source: Camagüey se pudre | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1408619448_10068.html

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