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A Santiago en coche

A Santiago en coche
LOURDES GÓMEZ | La Habana | 23 Jun 2014 – 11:45 am.

La crisis sacó a la calle los viejos quitrines, rediseñados para el
transporte de pasajeros. Hoy son imprescindibles.

Muchos cubanos, al leer el título de esta nota, recordarán el son de
Adalberto Álvarez de los años 80, inspirado en la tradición de los
quitrines de Bayamo aparcados en su parque central y que sirven de
curioso transporte turístico en una ciudad que resguarda sus costumbres.
Desde hace dos décadas, el coche también se ha convertido para los
santiagueros en una tradición necesaria.

El coche en Santiago era usado habitualmente durante los carnavales: se
trataba por lo general de quitrines para cuatro personas, cuyos dueños
los engalanaban una vez al año, para formar parte de las mascaradas de
las fiestas, al mismo tiempo que se buscaban un dinerito extra; las
necesidades perentorias de transporte en el “período especial”
convirtieron la tracción animal en motores vivos.

Ante la crisis general de esos años, el Gobierno de la ciudad aprobó
oficialmente el coche como transporte regular, lo que trajo la
consiguiente importación masiva de animales del campo y la conversión de
la turística calesa en una pequeña guagua con capacidad para diez o doce
personas. Los herreros y soldadores hicieron su agosto a fines de los 90
adaptando estos nuevos vehículos.

Las guaguas-coches están construidas con una estructura básica de
cabillas, alambrones y angulares toscamente soldados, al que se pone un
techo de lona para proteger a los usuarios del abusivo sol de la ciudad.
Pero no nos engañemos, la rudeza del acabado y su pesadez no le quita su
eficiencia para el transporte de carga humana o de cualquier otra clase.
Los nuevos coches son lentos, pero aplastantes.

A veinte años de su debut, los coches son imprescindibles. La
recuperación del parque automotor estatal no tiene reposiciones seguras,
con la mayor parte de las guaguas parqueadas en el gran “cementerio” de
la empresa de ómnibus. Así, el sector privado del transporte se
fortalece, invadiendo con su eficiencia y disponibilidad no solo la red
citadina, sino también la transportación interprovincial.

Los coches, como las camionetas y camiones adaptados a guaguas, son la
opción segura de llegar a tiempo a cada destino.

Para Ramón Torres, de 51 años, que se volvió cochero al quedarse sin
trabajo y lleva tres años en el ramo, el negocio es lucrativo: “trabajo
21 días al mes y me gano 150 pesos diarios, lo que me da perfectamente
para pagar todos los impuestos y la comida del caballo. Con dos sacos de
yerbas al día y una lata de miel al mes es suficiente”.

Los cocheros tienen que pagar una licencia de 100 pesos, la seguridad
social de 87, 50 y el 30 % de la ganancia, lo cual suma unos 300 pesos
mensuales. La inversión en la compra del coche y el caballo es de unos
10.000 pesos (7.000 por el animal y 3.000 por el coche), recuperable en
un año de trabajo.

El caballo, por supuesto, es su tesoro más preciado: “tuve que hacer una
inversión extra en mi casa para construirle un establo, hay que tener
cuatro ojos con ellos porque al menor descuido, te lo roban”.

Según reportes del semanario Sierra Maestra, el hurto y sacrificio de
ganado mayor ha aumentado en la provincia. Y la carne de caballo, junto
a la de res, son frutos prohibidos en la mesa del cubano.

Los coches cubren dos rutas fijas de las áreas llanas de la ciudad.
Tienen sus piqueras, y aunque los precios se duplicaron en el último año
—dos pesos por viaje—, la afluencia de clientes se mantiene.

El mayor problema es que con tantos coches, las piqueras se han
convertido en espacios malolientes, con excrementos y ríos de orina que
nadie siente la obligación de limpiar. Como siempre, no se previó que
tantos motores vivos generarían tales cantidades de desechos, y que las
modernas caballerizas en las avenidas necesitan regulaciones sanitarias,
sobre todo por ser Santiago una ciudad asediada por enfermedades como el
dengue y el cólera.

Al parecer, el “cochear” —como se le llama popularmente—, ha llegado
para quedarse. Mientras en el mundo las tecnologías automotrices se
sofistican cada vez más, en Cuba retroceder al siglo XIX parece ser la
pauta del desarrollo.

Al contrario del son de Adalberto Álvarez, los cocheros no paran, se
extienden.

Source: A Santiago en coche | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1403516758_9177.html

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