Cholera in Cuba
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Entre la cólera y el cólera

Cólera, Censura

Entre la cólera y el cólera

El silencio y el ocultamiento sistemático de la información da una

sensación de seguridad que es falsa. El secretismo es inmoral

Esther Beltrán, La Habana | 15/01/2013 7:35 am

El 9 de enero de 2013, por solo poner un ejemplo, fue noticia de primera

plana en el periódico Granma una "Fiesta de la ciencia en Expocuba".

Otra sobre cómo el Parlamento venezolano respalda el derecho legítimo

del presidente Chávez a su plena recuperación y la tercera habla sobre

el nuevo récord de desempleo en la eurozona.

Esas y otras posteriores ocultan un fuerte rumor que se abate ahora

mismo sobre La Habana y que reveló, en parte, este domingo la BBC Mundo.

En la capital cubana se dice que han fallecido dos escolares en una

secundaria básica del municipio Cerro víctimas de cólera, una enfermedad

que hace cien años no se reportaba en el país hasta que llegó por la

parte oriental del territorio, presumiblemente desde Haití, donde

personal cubano de la salud enfrentó la epidemia que allí se desató.

Todos son rumores difíciles de confirmar.

Aunque en el mes de agosto el Gobierno cubano afirmó públicamente que la

enfermedad había sido controlada y que la gente había dejado de

enfermarse y se había eliminado la propagación del flagelo, se sabe que

la insalubridad creciente a partir del paso del devastador Sandy por

Santiago de Cuba y Holguín fueron el caldo de cultivo perfecto para que

renaciera la amenaza. Y aunque no se publicaron las cifras de personas

atendidas por esta enfermedad, todavía en el mes de diciembre en la

ciudad de Santiago de Cuba para entrar a una escuela, teatro o cualquier

lugar de afluencia de público era necesario desinfectar las suelas de

los zapatos y las manos de las personas. Y aunque se llevaba a cabo esta

maniobra, se permitió y también se fomentó el movimiento de mucha gente

hacia aquella zona para presentar obras de teatro y ofrecer conciertos,

en una especie de cruzada de sanación espiritual. Todo ello unido a los

que deciden marcharse de un sitio devastado hacia la capital en búsqueda

de la más rala subsistencia. Así han construido la fórmula perfecta del

desastre.

Se comenta que los fallecidos por causa del cólera no tienen derecho a

velorio, tampoco a ser incinerados donde los demás. Dicen que les toca

un sarcófago de metal para evitar la expansión de los fluidos morbosos.

Como el control sanitario es fundamental (la única forma de contagio es

a través del agua y de alimentos contaminados por heces fecales en las

que se encuentre la bacteria) la semana pasada convocaron a una reunión

al menos en un policlínico del municipio capitalino de Playa donde han

sido citados los cuentapropistas para informarles que existen casos

positivos de cólera en la zona y que por tanto, deberán extremarse las

medidas higiénico sanitarias. También se activarán y extremarán los

controles por parte del MINSAP a todos los paladares, cafeterías y demás

actividades de la cuentapropia. Si las inspecciones encuentran

irregularidades, pueden retirar las licencias de ejercicio de la

actividad de que se trate indefinidamente. Queda prohibido reciclar los

pomos plásticos de refrescos o de agua. No se pueden vender platos que

contengan pescados o mariscos crudos o poco cocidos. Los deshechos deben

guardarse en recipientes limpios y convenientemente tapados. Los

cocineros deben manipular los alimentos provistos de guantes. Deben

tenerse a mano líquidos antibacteriales y ofrecerlos al cliente que así

lo solicite.

Sin embargo, aunque los cuentapropistas cumplan al pie de la letra las

disposiciones anteriores, se advirtió que si existiera un caso positivo

en la misma cuadra donde se encuentre el negocio privado se procederá a

cerrarlo hasta tanto se considere pertinente por las autoridades sanitarias.

Sin pretender cuestionar la necesidad de aplicar reglas de estricto

control, resulta sorprendente que sí se pretenda accionar rápidamente

contra el sector privado cuando es proverbial la ineficacia sanitaria

que impera a niveles comunitarios: basura amontonada durante días,

derrames de aguas albañales, existencia de roedores y otros vectores

transmisores de enfermedades.

¿Dónde venden guantes para que los cocineros manipulen los alimentos?

Los estomatólogos en las clínicas dentales trabajan con un único par de

guantes el día entero: primero en una boca, después en la otra y así

sucesivamente. Me consta que se lavan no las manos, sino los guantes. Y

siguen haciendo su trabajo lo mejor que pueden.

Espero que no haya nadie que crea que disfruto escribiendo sobre estos

asuntos. Existe una amenaza real para la salud de las personas ahora

mismo en Cuba. Asúmanla e informen a la población que mañana, de no

tomar medidas apropiadas, puede enfermarse. No toda la responsabilidad

del contagio está en las paladares y cafeterías privadas. Visiten las

escuelas, los hospitales; exijan en los establecimientos estatales donde

la gente se roba el detergente y todo lo que encuentre porque el salario

no les da para vivir. El silencio y el ocultamiento sistemático de la

información da una sensación de seguridad que es falsa. El secretismo es

inmoral.

http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/entre-la-colera-y-el-colera-282720

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