Cholera in Cuba
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Nos hemos acostumbrado a la suciedad?

¿Nos hemos acostumbrado a la suciedad?

Yoani Sánchez

13-08-2012 – 7:08 pm.

Anuncian un nuevo código de sanidad para el manejo de alimentos, pero

los graves problemas higiénicos no se resuelven con decretos.

Un adolescente escribe —con su dedo índice— la palabra "límpiame" sobre

el polvo de la ventanilla del ómnibus. Una madre pregunta a su hijo cómo

está el baño de la y éste confirma que "la peste no lo deja ni

entrar". Una estomatóloga se come una fritura delante de su paciente y

con las manos sin lavar procede a extraerle la muela. Un transeúnte hace

gotear el queso de su pizza —recién salida del horno— sobre la acera,

donde se acumula en un charco de grasa. Una camarera limpia con un trapo

pestilente las mesas de la heladería Coppelia y reparte vasos pegajosos

por sucesivas capas de lácteo mal fregadas. Un se bebe

embelesado un mojito en el que flotan varios cubos de hielo hechos con

del grifo. Una fosa albañal se desborda a pocos metros de la cocina

de un centro recreativo para niños y adolescentes. Una cucaracha pasa

rauda y veloz por la pared de la consulta mientras el médico ausculta al

paciente.

Todo eso y más podría enumerar, pero he preferido hacer una síntesis de

lo que he visto con mis propios ojos. La higiene de esta ciudad muestra

un deterioro alarmante y crea un escenario propicio para la propagación

de enfermedades. El de cólera en el oriente del país es una triste

advertencia de lo que podría ocurrir también en la capital.

La ausencia de una instrucción sanitaria desde los primeros años de vida

ha hecho que lleguemos a aceptar la suciedad como el entorno natural en

el que debemos movernos. Las carencias materiales aumentan también el

riesgo epidemiológico. Muchas madres usan varias veces los pañales

desechables de bebé, rellenándolos con algodón o gasa. Las botellas de

plástico recogidas de la basura sirven de envase para fabricantes de

yogurt doméstico o para vendedores de leche en mercado . El

deficiente suministro de agua que padecen numerosos barrios disminuye el

lavado de manos e incluso la cantidad de baños a la semana.

Los elevados precios y el desabastecimiento de los productos de limpieza

complican aún más la situación. Ahora mismo resulta muy difícil

encontrar en alguna tienda una frazada para limpiar el piso y el

detergente también escasea. Mantenerse limpio es caro y complicado.

La semana pasada, los medios informativos anunciaron un nuevo código de

sanidad para el manejo de alimentos, medida —sin dudas— bienvenida. Pero

los graves problemas higiénicos que muestra La Habana no se resuelven a

base de decretos y resoluciones. Educar en el aseo, ensalzar desde

edades tempranas la necesidad de la limpieza sería un paso trascendental

para lograr verdaderos resultados. La escuela tiene que ser un modelo de

pulcritud, no el sitio donde los estudiantes tienen que taparse la nariz

para ir al servicio. El maestro tiene que transmitir normas de aseo,

tanto como enseña oraciones y fórmulas matemáticas. También se debe

abaratar y mantener estable el suministro de productos para el lavado

del cuerpo, de la ropa y de los hogares. Eso se vuelve imprescindible y

perentorio en la situación que estamos viviendo. Necesitamos medidas

urgentes que no se queden sobre el papel sino que toquen las

conciencias, sacudan esta conformidad con la mugre que nos rodea y

logren devolvernos una ciudad limpia, cuidada.

http://www.diariodecuba.com/cuba/12536-nos-hemos-acostumbrado-la-suciedad

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